COMO AQUELLA GOLONDRINA...

Roberto López Moreno

 

 

Como aquella golondrina

que deja el nido y se va

al presentir el invierno

con su enemigo aletear,

así mi herida y mi pena,

así quisieran volar,

atravesar el paisaje,

perderse en la inmensidad,

buscando la primavera

del otro lado del mar.

 

 

Dormir en sus tiernos brazos,

tramas de azúcar y sal,

sentir su cutis moreno

tener cerca su ansiedad,

vivir sus palpitaciones

bajo el verdor del palmar

y entre el vaivén de las olas

inundarse en su humedad;

besar su abandono trémulo

con mi trémula ansiedad

y las partes de su cuerpo

que el sol no puede besar.

Por ella verter la vida

cada instante más y más

y no tener en mis sueños

ni principio ni final.

 

Cuántas veces la besé

ante aquella inmensidad,

mirando los dos las aves

girar en azul... girar,

como los besos que vuelan

desde el dulce despertar

y se van desvaneciendo

en infinita espiral.

Cuántos sueños que se forjan

y se tienen que enterrar,

cuántas, cuántas plumas rotas

quebradas de soledad.

 

Me ha desgarrado el vacío,

¿qué me queda por actuar?,

¿ceñirme al pie de la costa,

que me la recuerde el mar

y en cada eco de la espuma

sentir la ausencia mortal?,

¿o emprender el vasto vuelo

para nunca retornar,

abandono de marimbas

y aromas de cafetal?

 

Más nunca levantó el vuelo

como decía en su cantar,

se fue ahogando en aguardiente,

en puro trago, nomás.

En una tarde de infierno,

de rayos y temporal,

en las aceras desiertas

de la calle principal

se fue doblando en silencios

de luto municipal.

 

 

Ola de la blanca espuma

con que presume la mar,

que nace en Puerto Madero

y a Puerto Arista va a dar,

que bañaste Sacapulco,

Paredón y Zapotal,

que naces siempre cantando

de la risa del Coatán.

Ola que llevas mi rima

a pasearse sobre el mar,

tú, que mojaste mi pena,

la que te vine a contar

con tragos de comiteco

y quemazón de mezcal,

hoy a tu fuerza le pido

que me lleve a otro lugar,

tengo también la fe muerta,

también quisiera volar,

atravesar el paisaje,

perderme en la inmensidad,

como aquella golondrina

que deja el nido y se va.

 

 

 

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