Huixtla

Savia y barro,

paisanos míos,

paisano ritmo de nocturnos grillos,

háblenme,

platíquenme del terruño querido,

de las noches cálidas con humedad de río,

del amor de selva,

del triunfal estío,

y que el relato-pincel de sus paisajes

sea el mío.

 

I

 

Huixtla, tú eres mi casa

y tus soles radiantes mis hermanos;

la vieja Huixtla fiel de mis amores

donde el mam fundó su vida y muerte

con el símbolo oscuro de sus manos,

bajo el diario fulgor de las auroras

y la roja mutación de los ocasos.

 

Un cielo chiapaneco nos cobija

a ti y a mí,

y nos fija en la piel el beso ardiente

del átomo que vibra en los tejidos

y palpita febril en la simiente.

 

Tu nombre, acaso nació de la cadencia

con que arrulló sensible faz morena

en sus brazos mestizos ese bronce

que su entraña engendrara en esta tierra,

o quizás habrá nacido en la tormenta

que con furia tu imagen abrazara,

la grandiosa y colosal tormenta

en que siete relámpagos sangraron

vertiendo su vigor en siete letras.

 

Te miro con tu nombre de doncella

como la hija de un mago de la raza

que poderoso se alzó piedra,

y en las alturas inscribió su estancia

para cuidar a su princesa dulce

de labios de café y agreste gracia.

 

Y te dio un trovador enamorado

ese sabio hechicero, padre piedra,

un cantor que se acerca rumoreando

y en un costado de tu ser se enreda

salpicando las arenas con su efluvio

para decirte su canción eterna.

 

Así te miro, Huixtla de mis sueños,

la Huixtla del quiché, maya arquitecto,

alumno de un Votán que se reintegra

a través del sentir de los abuelos

a tu sino jovial de dama airosa

adornada de perlas y de joyas

con que nimba tu frente el universo.

 

Cabrakán, Chirakán, recias deidades

que con piedra y con fuego te forjaron,

nacieron en el tiempo y el espacio

y al tiempo y al espacio remontaron

y murieron en la idea, no en la forma,

cuando en Mam, tu vecina portentosa

las hispánicas huestes se posaron.

 

Y aquí estás, límpida y clara,

con tu regia garganta de madera

que interpreta tu acento en los aleros

entonando tu trinar de selva.

 

Aquí estás, proyectándote en tus hijos

y en los que aún sin serlo se te entregan;

el indio y el artista, que ya unidos,

en el ígneo corazón te llevan,

las notas que recogen en tus nidos

los que viven por ti te la reintegran;

la nota que entendió Emigdio de Aquino

y el Caballero triste convirtió en poema.

 

 

INTERMEDIO

(Elegía al Caballero triste)

 

Ranulfo López Paz, hombre y leyenda,

buen Vulcano del verso que se enciende

en la luz prodigiosa de tu agenda.

 

Tu numen portentoso se comprende

como el eco de fiel marimba vieja

que a través de los años más se extiende.

 

Tu labio soñador, sin una queja,

cantando en los albores de tu ocaso

tu paisaje de palmas y de teja,

 

te unió con la belleza en un abrazo

y te dio con tu lira de poeta

el solio que buscó en nuestro Parnaso

 

tu excelsa dimensión de magno esteta

que en el tiempo sin límite atesora

lo que el tiempo tenaz guarda y respeta.

 

Como el Boreas, infante de la aurora,

cruzaste en esta huerta inmarcesible

con tu rima sensual, grave y sonora,

 

y anidaste en los mangles tu apacible

preludio magistral de son huixtleco

con arpegios de luz indescriptible.

 

En la bóveda azul del chiapaneco

te fundiste en el éter de este Chiapas

que recogiera y propagara tu eco.

 

En el suave vaivén de las hamacas

nació tu ritmo en sol sobre el lamento,

para ser luz de luna en serenatas.

 

Tu generación llora a tu talento,

a tu ausencia fatal, tu afán jilguero

en el sol magistral del pensamiento.

 

Hoy camino buscando tu sendero,

sintiendo que descubro entre tus huellas

tu tristeza de noble caballero.

 

Pregunto en mi delirio a las estrellas

de un triste caballero, ánfora al hombro,

que en vida le cantara a todas ellas.

 

Y contestan las mismas con asombro:

no es por fuerza que esté en región ignota

ni en la muerte ancestral ni en el escombro.

 

Buscadlo en las marimbas, cada nota,

cantando ha de contarte de su sino,

ilusiones que en un ánfora rota

 

regaron de fragancias el camino.

Buscadlo en las marimbas, en el viento,

en los cantos de amor del mujerío,

en la magia sutil del sentimiento

y en las auroras flotando sobre el río.

 

II

 

Y tú, Emigdio de Aquino,

¿qué quisiste decir en tu plegaria?,

tu nota llora, no, no sé si llora o canta;

sólo sé que al deslizarse los bolillos

sobre las teclas solares me estremezco

con un nudo tenaz en la garganta.

Cuando tu partitura

nacida en esta tierra se levanta

como lazo de unión en que se juntan

tu generación apasionada

y las nuevas generaciones convertidas

en explosión de luces vueltas ansias,

cuando esa partitura se levanta...

“Huixtla es un vergel...” nos dicen

los cantores penachos de las palmas

a través de la letra entusiasmada

con que relata la belleza el “Machca”

y mientras suave giras entre notas,

con esas suavidad con que te ensanchas,

regreso a mis primeros pensamientos:

¿qué quisiste decir en tu plegaria?

Tu nota llora, no, no sé si llora o canta.

 

Huixtla, Huixtla,

ardiente cuna de mis primeros sueños,

también palpitas en la armazón de hierro

que se tiende pertinaz entre agua y cielo.

 

En la perenne presencia de tu atril

gentil inspiras bajo tu azul añil

las románticas bohemias de tu ferrocarril.

 

Y en la llama ascendente de esta tierra

la sinfonía mecánica se enreda

rodando novedad sobre la carretera.

 

Mi Huixtla querida, mi Huixtla adorada,

la Huixtla que tiene fulgor de alborada,

la Huixtla que canta con voz de marimba

la leyenda astral de la mujer huixtleca,

leyenda morena de tez chiapaneca

que al son del suriano palpitar se cimbra.

La Huixtla que pinta con verso el poeta,

la Huixtla de magia solemne y secreta

que vive entre flores,

que sabe de amores,

de aquellas pasiones de nuestros abuelos

que se realizaron en tu faz terrena

como se realiza todo el florilegio

cuando en tus febreros te vistes de fiesta.

Y mientras que reynas en el Soconusco,

en tu verde solio de ramas y arbustos,

la voz del abuelo don Rómulo López

con ansia en tus calles tropicales busco.

Permíteme Huixtla que grite tu nombre,

que lo agite el viento por mares y bosques,

que resuene tu eco en tierras lejanas

como voz dolida del dolido paria,

que extienda tu palio entre flores y versos

en tierras de Chiapas... y lejos de Chiapas,

y estalle tu nombre en los universos

en un haz de cohetes ¡y entre mil campanas!

 

Imprimir Página