MUERTE DE MARÍA HERRÁN

 

 

Novia de mi ensueño

y de heroísmos pasados,

María, si pudieras ver

¡Cómo te dejaron!

Desgarraron tu cuerpo,

tus jóvenes veranos,

desgarraron tu sangre

vestida en lienzo patrio.

 

Tu muerte es noche negra,

el cieno en el Palacio,

y tú aquí, destrozada,

víctima del engaño.

¡Malditos asesinos

los que así te engañaron!

María, si pudieras ver,

¡Cómo te dejaron!,

mujer de mujeres

en la cruz del engaño.

 

Que el Tacaná agite

tu muerte ante el espacio,

el ras de la culebra,

el vuelo de los pájaros,

las palmeras enhiestas,

el sol de tu calvario

y el Coatán bullanguero

rompiendo el verde campo.

 

Flor de la tormenta

¡Cómo te engañaron!

Tu muerte en sólo un río

de ayes escapados

hacia el vacío que teje

la trama del sudario.

 

Que gran unión de bestias

y el pueblo ametrallado.

El partido de fiesta,

la infamia en el Palacio,

y en el parque funesto,

ardiente y solitario,

un canto nace triste

de tu cuerpo sangrando.

 

María Herrán, tu muerte

es más grande que el engaño.

Quizá seas heroína

de soles desolados.

Quizá tú no sabías

que te habían preparado

el plomo soldadesco,

tu cuerpo mutilado.

Quizá no hubieras puesto

el pie sobre el estrado;

tu buena fe no hubiera

salido de tu casa

ni hubieras hecho el viaje

inútil del cadalso.

 

María Herrán, mi lloro,

pie andado y descalzo,

recorre tus paisajes

prendido de tu brazo.

María Herrán, si vieras,

¡Cómo te dejaron!

 

Que dirías al ver

tu cuerpo ensangrentado,

tu risa ya sin forma,

tus ojos sin amparo,

tú sola, en ese parque,

con tu cuerpo quebrado,

con ese cuerpo, el tuyo,

deshecho entre los prados,

abonando la tierra,

azorando al espacio,

arrojando tu muerte

al sillón de los tiranos.

 

María Herrán, permite

que te siga nombrando

mientras rehago tu cuerpo

partido en mil pedazos.

María, si pudieras ver,

cómo te engañaron.

María Herrán, si vieras,

¡Cómo te dejaron!     

 

 

 

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