MUERTE DE JOSÉ MARÍA MELO

Roberto López Moreno

 

 

Juventud que no es rebelde

es cercana a la ignominia;

una juventud sin alas

es el freno de una prisa;

un futuro mutilado,

un mañana de rodillas,

una hoguera que aún no nace

y ya es patria de ceniza.

Hay diversas juventudes

con tan varias rebeldías,

y hay la que ha nacido muerta

con su rebelión torcida.

Hay la juventud que nace

envuelta en luces magníficas  

crecida junto a la llama

de eterna fe combativa.

Juventud que no es rebelde,

pobre juventud perdida

en pantanos de silencios

sin fuego, sin luz, sin vida.

               

                    II

Noche negra de sotana,

inquisidora de fuete,

con el Cristo entre las sombras

viviendo su inútil muerte.

Noche negra de sotana

que en el alma se nos mete

y allí en la cal de los huesos

se nos enreda y nos muerde.

Noche negra de sotana,

antijuarista insolente,

¿de dónde viniste, noche,

sin luz de luna en la frente?

¿en qué paraje maldito

fue que te parió la suerte

y te dió tu ala de buitre,

tu triste garra y tu diente?

Niegue tu indigna cadena

nuestra juventud rebelde

de rayo bolivariano.

Noche de bajeza y muerte.

 

                 III

Rompo a tus plantas mi verso,

flor de café y alhelí,

tu pie sudamericano

hizo ya camino aquí,

don Simón y don Benito

se unen a través de ti

y no hay mejor sinfonía,

y no habrá mejor atril

para engrandecer la llama

del sol de Nucantilí.

Don Angel Albino Corzo

a Juárez le habló de ti.

La fuerza de tal acero

sabe de tu devenir.

Rompo a tus plantas mi verso,

flor de café y alhelí,

para alfombrar tu sendero,

y homenajear tu fortín;

si ha sido hermoso tu enero

más bello será tu abril.

 

                 IV

Desvaneciéndose el día

tras el monte se durmió,

un perfil hay en la sombra

del potro de la traición,

¡General José María

ya está aquí el fusil de Dios!

enderezando en tu pecho

el fogonazo matón.

¡General José María,

 que no te asesine, no!,

que a la choza chiapaneca

le hace falta tu calor,

tu palabra envuelta en fuego,

tu juvenil resplandor.

¡General José María,

que no te asesine, no!

Maldita noche de cruces

que por Juncaná pasó

dejando un cuerpo deshecho

en la arista de un tambor.

Maldita noche asesina

no quiero saberte, ¡No!

 

                  V

Corre la fuerza del río

más hermosa, más azul,

quizás el paisaje ignore

el filo de la segur.

Un campo siempre florido

bajo de un cielo en quietud

sirve de alfombra a una musa

que enlutada baja al sur;

lleva en sus ojos dolientes

la tronchada juventud

que en una noche de Chiapas

libertaria leyó augur

en una épica sonata

nacida de sombra y luz.

Ahora la nota doliente

toca a luto a plenitud,

es una nota nacida

de muerte y excelsitud,

¡General José María,

en esa nota vas tú!

 

 

 

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